domingo, 10 de enero de 2016

Diario de Viaje - Día 11 – Humahuaca. Juan Copa y el famoso baile del torito

Cuando amanecimos fuimos a desayunar en el hostel (estaba incluido en el precio por la estadía) y compartimos la mesa con una pareja que se encontraban un poco enfermos. Tuvieron que cortar el viaje para quedarse algunos días en Humahuaca y reponerse de una fiebre fuerte que venían acarreando. Fueron ellos quienes nos contaron cual era el “secreto” para viajar desde Cafayate a Cachi casi directo y no morir en el intento. Queríamos ir a conocer el famoso Hornocal, unos cerros pintorescos que quedan a 30 km de la ciudad. Ellos habían ido el día anterior contratando unas camionetas-remises que salían desde el puente que cruza el Río Grande, el mismo rio que cruza toda la quebrada humahuaqueña. 

Allí fuimos y nos encontramos con Juan Copa, un señor muy amable que ofició de guía turístico. Porque uno puede estudiar mucho y ser un excelente Licenciado en Turismo, digamos, pero si no se conoce el lugar donde se darán las visitas guiadas la verdad es que los títulos valen muy poco. Juan conocía muy bien todo Humahuaca y sus alrededores pero no era Licenciado. Había nacido en Palca, un pueblo vecino que queda camino al Hornocal. De chico ayudaba a su madre llevando hasta la ciudad verduras y corderos vivos para venderlos en el mercado. El camino desde Palca lo hacían caminando y tardaban alrededor de 11 horas. Este gran esfuerzo lo realizaban durante los meses de verano, el resto del año viajaban hacia un ingenio cercano a la ciudad de Oran donde su padre cada temporada era contratado por una compañía azucarera. Allí viajaba toda la familia a vivir en una comunidad de trabajadores del ingenio donde además de vivienda, tenían la oportunidad de ir a la escuela. Nos contó que era creyente de la Virgen de la Candelaria (dudo que en Humahuaca haya gente que no sea creyente de la virgen), dijo que no era de ir a la iglesia pero que le gustaba rezar en su casa. En agosto, el día de la Pachamama no trabaja, según él, vive una jornada espiritual, de agradecimiento a la madre tierra. Estas cuestiones religiosas y espirituales nos llamó mucho la atención ya que, en general, la gente de la quebrada adora a su virgen y al mismo tiempo a la Pachamama, de alguna manera que no llegué a comprender del todo, ambas creencias se conjugan y viven complementándose en la idiosincrasia de los quebradeños. Cuando se interroga acerca de esta “doble” devoción no se llega a entender claramente como funcionan, al menos eso fue lo que nos ocurrió a nosotros, pero es así, esta internalizado en cada uno de ellos y es sumamente respetable. 

El camino hacia el Hornocal

Junto con Ani y yo viajaron dos mujeres, una francesa y la otra mexicana que vivía en Paris y traducía a la otra todo lo que íbamos hablando. Estaban haciendo un viaje relámpago por el norte recabando información para actualizar una revista de turismo francesa muy conocida pero que lamentablemente no recuerdo su nombre. “Acá la gente no necesita mucho para vivir, se compra una bolsa de harina y amasa pan y otras cosas, una de papas o alguna otra cosa más y tira todo el mes, también se carnea un cordero o algún otro animal, se lo seca y listo” nos contaba Juan simplificando a su manera la vida de la gente que vive un poco más alejada de la ciudad, en el camino al Hornocal. Yo le dije: “A nosotros nos cierra el supermercado y nos volvemos locos”, pienso que a veces nos complicamos tanto…

Fin del camino, Juan nos llevó hasta un mirador natural que se encuentra frente a los cerros del Hornocal, nos contó que a unos km hacia abajo corría un rio. Estábamos a 4300 msnm, jamás habíamos alcanzado semejante altura, y se sentía bastante la falta de oxígeno. El lugar es increíble, se aprecia una geografía única, la sensación de pequeñez que se siente es indescriptible... Estuvimos una hora sacando fotos y nos sentamos a descansar en la poca hierba que sobrevive adaptada a las inclemencias del clima de altura. Para acceder a un sector un poco más alto y un poco más cercano a los cerros había que seguir un camino que primero descendía unos 50 mts. que era un tanto empinado y luego volvía a ascender unos metros más adelante pero con menos pendiente. Desde allí se podía ver claramente el rio allí abajo que se perdía detrás de otro cerro y en cuyo pie se encontraba la comunidad del Hornocal. El nombre de esta comunidad se debe a que en tiempos pasados los habitantes se dedicaban a extraer piedras del cerro (que son como lajas) las cocían en hornos y las convertían en cal. La cal se utilizaba, entre otras cosas, para tareas domésticas como, por ejemplo, cuando se carneaba algún animal se separaba la piel del cuero dejándolo unos días envuelto en cal, luego podían comercializarlo.
La subidita empinada para emprender el regreso fue fatal. Tuve que detenerme tres veces porque me faltaba el aire y el cansancio se sentía muchísimo, jamás me había sentido así. A partir de ese momento comencé a sentir las consecuencias del apunamiento. En el viaje de regreso vimos vicuñas que andaban pastando, pero al acercarnos un poco salían volando. La llama es domesticable, nos contaron, con la vicuña es imposible la domesticación. También vimos unas flores rojas que brotaban de algunos cardones, habíamos visto durante el viaje blancas y amarillas, pero jamás rojas, las únicas de todo el viaje.

Ani, yo y la inmensidad del Hornocal de fondo

Al llegar otra vez al puente Juan nos recomendó que vayamos a comer a lo de Matías Tejerina, un restaurant que estaba a unas pocas cuadras, sobre la avenida Belgrano. Nos despedimos y le hicimos caso, fuimos a comer allí. Tengo que contar que se come excelente, y que además, como estábamos en plena jornada de festejos patronales, había mucha gente y músicos que llegaron a Humahuaca desde distintos lugares de la provincia. Un trio se presentó en lo de Matías, eran salteños que al ritmo de guitarra, bombo y bandoneón recibieron aplausos, algunos comensales bailaron y pasamos un almuerzo muy entretenido.

Los preparativos para la celebración
En todo Humahuaca estaba anunciado que a partir de las 19 hs. comenzarían los festejos “ruidosos” en la plaza y en la iglesia. Efectivamente, de los pueblos de los alrededores comenzó a llegar más gente y varios grupos de muchachos de todas las edades que portando bombos, redoblantes y zampoñas tocaban unas marchas musicales muy particulares. No sé cómo describirlas, no eran como los ritmos sayeros de las comparsas de carnaval, era distinto. En el transcurso del día estuvimos hablando con varias personas, sobre todo vendedores de los innumerables puestos de venta de artesanías y ropas que existen en Humahuaca. Cuyos precios, dicho sea de paso, son los más bajos de la quebrada. La mayoría nos contaba como destacado el momento en que se iba a realizar el famoso “baile del torito” alrededor de las 21:30 hs., luego de la procesión de la virgen. Con ansiedad esperamos ese momento que se hizo esperar un poco pero al fin llegó. La policía se encargó de cercar un sector desde la entrada de la iglesia doblando por una de las calles laterales de la plaza, de esta manera quedó un espacio libre de calle de unos 80 mts, nosotros estábamos en uno de los costados agolpados, detrás de los cercos, con toda la gente. Los muchachos seguían meta música en la plaza, el ruido era ensordecedor. Resulta que no entendíamos bien la relación torito-virgen, pero una mujer con la que hablé al día siguiente me explicó que la aparición de la Virgen de la Candelaria fue sobre la cabeza de un toro, de ahí el baile. Bueno, el momento es un poco difícil de explicar, uno pasa de la emoción, de la intriga de saber qué es lo que va a pasar al susto y la preocupación.  En definitiva no pudimos ver mucho, tal es así que pensaba sacar fotos y no tuve demasiada suerte. El torito es personificado por una persona que porta encima suyo una cabeza y un manto que vendría a ser el lomo de un toro, ponele. Eran 4 o 5 toritos. La cabeza del toro tiene unas luces en los ojos y sobre el manto, que es recto, duro, como si llevara una madera encima se colocan unas tiras de cohetes que, al estallar, chispean y chispean. Las tiras comienzan en la cabeza y recorren en zigzag todo el manto. Al encenderlas esta persona empieza a moverse, pero se mueve de tal manera que va de un lado a otro de la calle acercándose a la gente. Entonces cada vez que se venía encima nos agachábamos y empujábamos todos para evitar quemarnos con el chisperio que lanzaban los toritos “¡cuidadoooooo!” se escuchaba repentinamente y luego varios ”¡Uuuuhhh!”. En fin…luego entendí porque habían aparecido algunos bomberos con matafuegos...


Más allá de la preocupación momentánea luego nos reímos mucho, Humahuaca y su gente son una locura increíble. Fue toda una celebración extraña para nuestra idiosincrasia porteña pero la experiencia estuvo muy buena. Luego llegaron los fuegos artificiales y la música en vivo. También llegó la lluvia como para bendecir el evento porque fue cortita y no empaño para nada los festejos. Nosotros fuimos a comer algo, justo estaba jugando Racing con Independiente (literal, uno jugaba con  el otro ja!). Después de gritar los dos goles de la Acadé nos fuimos a dormir, cansados pero contentos. Al día siguiente nos íbamos rumbo a La Quiaca para pasar unos días en Yavi.

Viene de: Diario de Viaje - Día 10 – Humahuaca. Devoción por la Virgen de la Candelaria
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Correción: Laura Beroldo (http://www.laura-exlibris.blogspot.com.ar) 
Fotos: El Cocoliche 
Video: extraido del canal de youtube https://www.youtube.com/user/fer1david

sábado, 9 de enero de 2016

Diario de Viaje - Día 10 – Humahuaca. Devoción por la Virgen de la Candelaria


El camino de regreso desde Iruya se me hizo un poco más largo. En realidad creo que la vuelta desde cualquier lugar donde uno la pasa bien, se vuelve más larga, debe ser el estado de ánimo, las ganas de no volver. Llegamos a Humahuaca con la idea de quedarnos un par de días y descansar, tal como lo habíamos hecho en Cafayate. Tantos días de acá para allá te hace ruido en el cuerpo. Te pide que pares un poco y las mochilas se vuelven más pesadas aunque su contenido sea siempre el mismo. Desde la terminal caminamos un par de cuadras y llegamos al Humahuaca Hostal, vimos que había buena onda y el lugar estaba lindo, así que nos quedamos allí. Está ubicado a una cuadra de la iglesia y la plaza, en principio parecía una ventaja, más adelante no iba a estar tan de acuerdo con esta afirmación. 

El hostel tenía una particularidad que me llamó la atención y que no la había visto en ninguno de los hosteles en donde habíamos estado. El baño era compartido, pero todo compartido. Por la mañana podías estar lavándote los dientes mientras alguien despachaba  “lo segundo” sentado en el trono sagrado y otro/a se bañaba detrás de una cortina. Todo al mismo tiempo podía ocurrir en ese baño, hombres y mujeres compartiendo necesidades bilógicas y de higiene. Las habitaciones estaban muy bien y los colchones cómodos. Había un patio interno con flores, árboles y pasto, también parrilla, mesas y sillas. Nuestra habitación daba al patio y la compartimos con una pareja de franceses muy felices que estaban recorriendo Sudamérica. Increíblemente encontramos en el hostel a Marcelo y su mujer (no recuerdo el nombre), digo que fue increíble porque la oferta de alojamiento en Humahuaca es muy grande y hay hosteles muy cercanos uno de otros. Ellos se habían quedado un día más en Tilcara y al día siguiente partirían hacia Iruya.


Calles de Humahuaca, día y noche

Humahuaca es una ciudad muy linda y pintoresca. Fue fundada en el año 1594 por Juan Ochoa Zarate, el Cacique Limpita y algunos misioneros. Su nombre deriva de una leyenda aborigen que hace referencia a la cabeza que llora ¡humahuacac! ¡humahuacac!. Me gustaron mucho sus calles angostas todas empedradas, los faroles nocturnos, la amabilidad de la gente y lo bello del paisaje que la rodea. Frente a la plaza principal se encuentra el cabildo donde actualmente funciona la municipalidad, allí mismo funciona la oficina de Turismo que permaneció cerrada sábado y domingo (cosas que pasan…). Este edificio tiene cierta fama por su reloj, que cada mediodía, cuando marca las 12, una figura en tamaño real de San Francisco Solano se asoma para dar una bendición a quienes lo esperan sentaditos en la plaza. La Iglesia de la Candelaria, famosa por su virgen y sus campanarios se encuentra en diagonal al cabildo y hacia la derecha de la iglesia, hacia atrás de la iglesia y subiendo unas escalinatas, se erige impactante el monumento a los Héroes de la Independencia. Este imponente homenaje fue erigido por Ernesto Soto Avendaño en homenaje a los nativos humahuaquences que resistieron 11 invasiones realistas. 


Los archivos históricos indican que en Humahuaca se libraron 14 batallas entre patriotas y realistas entre 1814 y 1821. Junto al monumento hay una estructura de adobe muy particular rodeada de varios cardones. Es la Torre de Santa Bárbara que, según afirma la placa que la acompaña, fue construida en el año 1600 y se puede leer una leyenda que dice: “Patrimonio histórico, religioso y libertario de Humahuaca…desde donde oteaban el Ejercito del Norte al mando del Gral. Manuel Belgrano a las fuerzas invasoras”, donde “otear” significa mirar a lo lejos desde un sitio elevado.


Una particularidad del lugar es que en uno de los costados del monumento hay una puerta desde donde se realiza el desentierro del diablo cada vez que llega el festejo carnavalesco. El carnaval de Humahuaca es uno de los más famosos de la quebrada y la ciudad explota de visitantes. Dura toda una semana y se invierte todo un año preparando los disfraces, las máscaras y los trajes coloridos.

Monumento a los heroes de la Independencia y vista desde allí de la ciudad

Casi sin planearlo habíamos llegado justo para los festejos de la Virgen de la Candelaria que es la patrona de Humahuaca. En relación a este hecho vimos por la tardecita una procesión que sacaba a la Virgen de la iglesia y se la llevaba hacia la vuelta donde había un tinglado muy grande, luego de dar una misa se la volvió a llevar a la iglesia. En la procesión participaban algunos jóvenes que iban haciendo un baile típico, vestidos con unas plumas que no llegué a averiguar bien su significado. Delante de ellos iba un señor tocando un erkencho que es un típico instrumento del norte utilizado en celebraciones religiosas. La verdad es que no entiendo mucho de instrumentos pero básicamente el erkencho es un cuerno, que puede ser vacuno o de lata, agarrado a una caña larga desde cuyo extremo tiene una abertura para soplar y de esta forma generar un sonido muy particular. Más adelante, en Purmamarca veríamos un erkencho mucho más cerca de nosotros dentro de una peña. También, más adelante, nos enteramos que la celebración de la Virgen de la Candelaria también se realiza en Maimará, un pueblo vecino a Tilcara al que también conoceríamos cerca del fin de nuestro viaje.


La procesión de la Virgen de la Candelaria

El día lo utilizamos para recorrer la ciudad y por la noche fuimos con Marcelo y su mujer a comprar algo para comer. Le entramos a un pollito rostizado y después salimos a caminar. Luego de algunas vueltas terminamos tomando un café y viendo por tv a Rodrigo Betancour liquidando la historia y sentenciando a River a la humillación de perder el superclásico de verano frente a Boca por 5 a 0. 

Viene de: Diario de Viaje - Día 9 – Iruya. El pueblo perdido entre los cerros
Sigue en: Diario de Viaje - Día 11 – Humahuaca. Juan Copa y el famoso baile del torito



Correción: Laura Beroldo (http://www.laura-exlibris.blogspot.com.ar) 
Fotos: El Cocoliche

Diario de Viaje - Día 9 – Iruya. El pueblo perdido entre los cerros


Luego de un suntuoso desayuno en Mística (cuac) nos dirigimos a la terminal para emprender viaje a Humahuaca, allí tomamos el incansable Transporte Iruya, que es lo mismo que decir que nos subimos a un colectivo de la linea 60 pero con la comodidad de tener un espacio para llevar las mochilas. El viaje a Iruya se hace por camino de ripio. El colectivo realiza un tramo por la ruta 9 y luego se adentra en la 133 para pasar por Iturbe, El Condor y otros pueblitos más. Antes de emprender la subida hacia la provincia de Salta cruza dos ríos, este es todo un temita porque si los ríos están crecidos se suspenden los viajes. Por suerte teníamos un día soleado y el rio estaba calmo, al menos llegaríamos, la vuelta estaba por verse.

El camino a Iruya es algo realmente entretenido. Tal vez el tramo que conecta a Humahuaca con Salta por la ruta jujeña no sea de lo más vistoso en comparación a lo que es la bajada salteña. La cosa es así: el colectivo toma un camino en subida para cruzar un cerro que separa ambas provincias, cuando llega a los 4.000 msnm (además del apunamiento) aparece un paisaje extremadamente increíble. Esa altura máxima es el Abra del Condor, donde se encuentra el límite fronterizo de ambas provincias y, a partir de allí, el colectivo comienza la bajada. Lo que se ve en ese camino es muy difícil de describir. El rio Iruya, que en esa zona se llama Colanzulí, separa el cerro de las planicies en altura. Lo que se ve “enfrente” son campos sembrados, algunas casas y montañas que encierran ese hermoso paisaje. Los colores y la inmensidad son realmente impresionantes. Mientras uno se maravilla por la vista que le regala el lugar, el colectivero va lo más campante asomando al precipicio la trompa del vehículo cada vez que realiza una maniobra para doblar. La invocación a la Pachamama, Alá, Dios y Buda es inevitable y el pedido de que al menos nos dejen llegar, también (ja!). Más allá de todo, uno va confiado, estos choferes viajan por esos caminos todo el año ¿justo con nosotros se van a equivocar? Bueno, no sé, yo preferí pensarlo de esa manera…

La fantástica vista que regala el viaje a Iruya

A pesar de que son sólo 83 km que separan a Iruya de Humahuaca, el viaje alcanza las 3 hs. de duración. El descenso hasta los 2780 msnm del pueblo Iruyense se hace por el territorio de Quillamarka, un pueblo Kolla que perteneció al Qollasuyo (Imperio Inca).
Iruya es un pueblo de cultura aborigen que conserva tradiciones hispánicas, la interculturalidad se hace presente en la actualidad. El significado de su nombre proviene de la palabra Quechua o Aymara IRUYOC, en donde IRU es paja y YOC abundancia, o sea “abundante paja”. Su fundación data de 1753, sin embargo existen actas de nacimiento en la parroquia de Humahuaca que testifican que un siglo antes ya había habitantes  en el lugar. Se sabe que fueron los Ocloyas esos antepasados indígenas. Tal como lo hacían aquellas comunidades, en la actualidad, es el trueque una de las actividades comerciales que siguen vigentes en Iruya.

Cuando bajamos del colectivo había varios habitantes que nos ofrecieron hospedaje, a nosotros nos habían recomendado el hostel de Asunta pero al llegar allí ya no había más lugar. Como se encontraba en lo “alto” del pueblo fue todo un tema el ascenso, el camino de piedra y el peso de las mochilas nos obligaban a detenernos cada tanto, mientras los iruyenses iban y venían como si nada. Frente a la iglesia nos habíamos encontrado con Mily, una chica muy jovencita que nos ofreció alojamiento en “El Wichiku”. Como habíamos descendido y el hostel estaba allí nomás, ya no había el más mínimo ánimo de volver a subir la cuesta, entonces nos quedamos en el “Wichi”. No nos equivocamos, el lugar era muy tranquilo, económico y cómodo. La atención y el trato de Mily y su familia fueron excelentes. Habían construido en su propia casa algunas habitaciones y compartíamos baño, cocina y terraza cuya vista panorámica daba al rio. También atendían un comedor donde se comía barato y muy rico.

Como de costumbre, nos acercamos a la Dirección de Turismo y claro, no nos fuimos muy conformes, no podía ser de otra manera. Queríamos hacer la caminata hasta San Isidro, un pueblito que queda a 8 km remontando el rio en dirección norte. En la previa escuchamos varios relatos de gente que ya había realizado el viaje. No pudimos hacer coincidir ninguno en cuanto a la cantidad de tiempo y el nivel de dificultad que conllevaba la travesía. En Turismo nos dijeron que más o menos teníamos que ser Indiana Jones para llegar a San Isidro salvo que contratáramos un guía que por una suma considerable haría de nuestro viaje el más maravilloso de todos los que puedan existir. La economía a esta altura del viaje y las pocas ganas de Ani, hicieron que renunciáramos al proyecto San Isidro. Creo que siempre es bueno dejar cosas pendientes por hacer en cada viaje, porque de esa manera se abre la posibilidad de un futuro regreso.


Bueno, recorrimos Iruya en un rato, nos cansamos un poco porque todo el pueblo está sobre la falda de un cerro. “No le encuentro mucho pintoresco” dijo Ani, “es parecido a las favelas de Brasil ¿viste?” afirmé yo, no entiendo de donde saqué eso, era evidente que el cansancio nos estaba haciendo mal... Tal vez no sea el pueblo más lindo que recorrimos en el viaje pero se respira paz, mucha paz y creo que eso solo justifica conocer Iruya. Al otro día, luego del desayuno, teníamos pensado ir hasta el “Mirador de la cruz”. Allí nos encaminamos, otra vez en subida hasta lo más alto de Iruya. La vista desde ese lugar es espectacular, se ve todo. Encima las nubes estaban bajas así que algunas fotos salieron increíbles. Abajo se podía ver la plaza Sgto. Rosa Guevara, que estaba tapada con un toldo naranja y azul porque bien temprano empezaron a llegar habitantes de los poblados de alrededores. Se estaba preparando la “Festiferia Tradicional del Canto y la Copla”. En la feria se exhibían los productos de la tierra y artesanías que se producían y había un jurado que determinaba cuáles eran los mejores. También prepararon un escenario para los copleros que participarían de la festividad. Lamentablemente nos teníamos que ir al mediodía y sólo pudimos recorrer la feria, probar algunas frutas y comprar yuyo de “muña muña”. Este yuyito tiene las propiedades, de acuerdo a voces expertas, de ser un estimulante afrodisíaco. Sin embargo, cuando le pregunté a la vendedora (poniéndole cara picaresca) sobre las propiedades medicinales del yuyo me contestó: “lo puede usar para los dolores de estómago y el empacho” ¿nada más? Bue…lo llevo igual…
Infaltable foto de la iglesia de Iruya


Correción: Laura Beroldo (http://www.laura-exlibris.blogspot.com.ar) 
Fotos: El Cocoliche

Diario de Viaje - Día 8 – Tilcara. Jueves de ahijaditos

Cuando llegamos a la terminal tilcareña, el día estaba nublado y ya no llovía. Tilcara se encuentra ubicada en el centro de la Quebrada de Humahuaca. Su nombre proviene del quechua “Tica”: flor y “Kara”: cuero, “Lugar de buen cuero o cuero fuerte”. Al igual que varias de las poblaciones del norte, Tilcara no tiene fecha de fundación. Los últimos 50 años antes de la llegada de los españoles, su territorio fue anexado al Collasuyo, como se denominaba a la zona sur del Imperio Inca. La etnia mestizada que aún perdura entre sus pobladores es la de los Tilcaras, pertenecientes al antiguo pueblo Omaguaca que habitaba la Quebrada. En los últimos años, la ciudad de Tilcara tomó un gran protagonismo a partir de los festejos del carnaval en febrero y el de la Pachamama en agosto.


En la Dirección de Turismo encontramos un poco de información, nos dieron un mapa y algunas referencias, buena atención. La ciudad cuenta con varios museos: el Regional de Pintura José A. Terry, el Museo Arqueológico Eduardo Casanova, el Museo de esculturas Soto Avendaño y el Museo Fundación Medardo Pantoja. Además se puede hacer una excursión a la Garganta del Diablo donde hay una cascada que forma el Rio Huasamayo antes de descender del cerro y verter sus aguas en el Rio Grande. Y por supuesto se puede visitar el famoso Pucará, la antigua fortaleza de los Tilcaras desde donde divisaban todo el valle quebradeño.

Me había comunicado con Lucas un día antes y nos recomendó que vayásemos a un hostel que se llamaba Tierra Andina, que allí íbamos a encontrar buena onda y además estaba muy cerca de la terminal. Lo encontramos fácil y también encontramos allí mismo a Viviana y Natali, las chicas que despedimos cuando partimos de Tafí seis días atrás. Nos recomendaron que nos fueramos a otro lugar, que Tierra Andina no estaba bueno y que las habían tratado mal. Pienso en cómo, a veces, difieren las percepciones y los relatos, por un lado Lucas afirmaba que existía buena onda, por el otro las chicas denunciaban cierto maltrato. Nos ampliaron que había deshonestidad desde quien manejaba el hostel ya que en la misma habitación compartida en donde estaban ellas, algunos visitantes pagaban más que otros por el mismo servicio. Cuando hablaron con el encargado para despejar dudas sobre aquel “detalle” las maltrataron verbalmente. La verdad es que no lo dudamos, no somos partidarios de la deshonestidad así que nos fuimos a buscar otro alojamiento. Fue la última vez que vimos a las chicas, en pocos días tenían que regresar a Buenos Aires.

Callecitas de Tilcara

En los días previos a salir de vacaciones, unos contactos de Facebook nos habían hablado del hostel Mística, encaramos para ese lugar que queda sobre la subida de la calle Padilla. El lugar parecía lindo, yo creo que es pura apariencia porque en la práctica es medio pelo. Decidimos quedarnos ahí sin tener en cuenta algunas cuestiones básicas como ser: colchón y baños dignos. Por supuesto que cada uno tiene su propia opinión y tal vez alguno me dirá que no necesita tanto para dormir una noche, por alguna razón algunas personas creen que ese es un lindo hostel. En Purma estuvimos en un lugar mucho más sencillo pero altamente confortable. En Mística nos ofrecieron de movida una habitación compartida para ¡16 personas! Era todo un desafío dormir allí y como el precio de una habitación con cama matrimonial (con baño compartido) no era muy elevado nos decidimos a tener un poco de privacidad por primera vez en el viaje. Y ahora me doy cuenta que le puse el nombre de “cama” a lo que en realidad eran dos colchones apilados uno encima del otro. Esta característica única provocaba un hundimiento central del colchón superior, así que dormimos apretados en el medio. Cada intento por separarse y acercarse al borde era imposible, inexorablemente rodábamos hacia el medio del bendito colchón. Dormimos apretujados y al día siguiente la espalda de Ani pago las consecuencias. Encima la habitación era un poco más bajita de lo normal y el piso era de madera y estaba un poco torcido. Además se sentían los pasos de quienes se alojaban en el piso de arriba cuyo movimiento provocaba el desprendimiento de  “pelusas” (¡ponele!) que caían sobre nosotros.
Como anécdota del lugar nos queda el encuentro (una vez más) con el Doc oculista y su compañero de ruta. Justo ahí, en la puerta del hostel en el momento en que lo acababan de ver y hablar con la encargada. Evidentemente se dieron cuenta dónde habían caído porque no volvieron. Y fue la última vez que los vimos, o eso creo, a esta altura se me empiezan a mezclar hasta las caras! (ja!).

Pucará de Tilcara

Salimos de paseo y en la plaza principal había mucha gente. También había una banda de muchachos con bombos, redoblantes, trompetas y barítonos haciendo música, justo en el centro de la plaza. Dimos una vuelta viendo artesanías y llegamos al tinglado municipal donde aparentaba haber una fiesta. Una chica en la puerta nos explicó qué era lo que estaba ocurriendo. En Tilcara era jueves y como en toda la Quebrada, se festejaba el “Jueves de Ahijados”. Uno de los tres jueves previos al comienzo del carnaval, porque, de acuerdo a lo que nos explicaron, la cosa es así: la primera semana de febrero es el jueves de ahijados y está relacionado con el festejo previo del carnaval el cual es organizado por la juventud, la segunda semana se hace el jueves de compadres en donde el festejo lo organizan los varones y el tercer jueves es el de comadres en donde ocupan el lugar de la escena las mujeres. Al día siguiente del tercer festejo empieza el carnaval y los desentierros en cada uno de los pueblos de la Quebrada. O sea, que el carnaval tiene una previa importante. Nos contó, además, que los músicos que estaban en la plaza eran de la Banda Wilson de la Agrupación Ahijaditos. Estaban allí tocando para convocar al pueblo. Al mediodía se dirigirían a su mojón (cada agrupación tiene el suyo) donde darían comienzo al festejo.

Cuando comenzaron a ir hacia el mojón seguimos la caravana. Iba bastante gente, aunque la mayoría éramos turistas. El mojón es ni más ni menos que una apacheta. Las apachetas son montículos de piedras que en general se las encuentra en los caminos y allí se les hace ofrendas a la Pachamama para que cuide a quien va a emprender ese camino. En el carnaval se la denomina mojón y se realiza allí una ceremonia muy particular. Trajeron 2 cajones de cerveza y comenzaron a vaciarlas sobre el mojón, también le tiraban talco (o harina), papel picado, serpentinas y ramitas de albahaca. Luego que lo hicieron los integrantes de la agrupación invitaron al público presente a sumarse. Entonces me acerqué, tiré un poco de cerveza en el mojón, tomé un traguito y la pasé a otra persona. Inmediatamente vino un señor de Ahijaditos y me puso en la cabeza un poco de talco (o harina) con papel picado y me dijo: “que tengas lindo carnaval”. Por supuesto que no entendía nada pero me pareció divertido, Ani y el resto de los que estaban allí tuvieron que someterse al mismo ritual, así que luego de que se vaciaron los dos cajones y todos teníamos nuestras cabezas blancas, nos fuimos para el tinglado municipal donde nos esperaba un almuerzo que habíamos pagado previamente y que era muy económico. Estaba todo muy bien organizado, calculo que éramos unos 200 que estábamos sentados a la mesa y chicos jóvenes llevaban primero las empanadas de entrada, un picante de pollo (presa de pollo, arroz, cebolla, papa y salsita) y el postre que era el famoso Wachi (sémola con azúcar), todo muy rico. El festejo iba a seguir todo el día y entrada la noche con música en vivo a cargo de varios grupos folclóricos, entre ellos los Coroico.


Después de almorzar nos fuimos porque queríamos recorrer un poco y además ir hasta el Pucará. Al salir nos preguntaron si volveríamos más tarde, y pensábamos que sí, entonces un muchacho que estaba en la entrada agarró un sello de la municipalidad y nos lo estampó en el cuello ¡Sí! ¡En el cuello! Y así, sellados, anduvimos todo el día.
Fuimos al Pucará, ya lo conocía pero me volvió a impactar un poco hasta que apareció un guía del lugar (creo que se llamaba Marcos) y me tiró todo el impacto a la basura. Resulta que el Pucará de Tilcara es una reconstrucción de cómo era la vida en aquellas tierras quebradeñas antes de la llegada de los españoles. Teóricamente se realizaron estudios en el que trabajaron los arqueólogos Juan B. Ambrosetti y Salvador Debenedetti. Se comenzó la reconstrucción que luego fue finalizada por la cátedra de Arqueología Americana de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. En el Pucará podemos encontrar el sector de barrios de los habitantes comunes, el cementerio, el centro ceremonial, el taller lapidario, los corrales y un monumento que no tiene nada que ver con nada pero que fue realizado en homenaje a los antropólogos. Bue, todo muy lindo, el tema es que este guía trabajaba por una colaboración. No era guía oficial del lugar pero por sus venas corre sangre omaguaquense y es estudiante de antropología o historia, no recuerdo bien. Entonces nos contó que la reconstrucción no se hizo como debería haberse hecho porque no se respetaron fielmente los lugares en donde se encontraban los muros originales de la ciudadela. O sea, lo que vemos, según sus datos, no podría ser en realidad el verdadero Pucará. Como que está hecho muy turísticamente. Aproveché para consultarle lo de la Ciudad Sagrada de los Quilmes y me contó que algunas partes son originales y otras producto de la fantasía de los arqueólogos. En fin, el lugar no deja de ser interesante, valió la pena visitarlo una vez más.

Monumento y vista panorámica desde el Pucará

Cuando volvimos al hostel me los encontré a Marcelo y su mujer. Nos habíamos conocido en el tinglado mientras almorzábamos y casualmente nos alojábamos en el mismo lugar. Ellos estaban en el piso de arriba, tal vez eran los que caminando nos llenaban la habitación de “pelusas”, no lo sé, olvide preguntárselo. Por la noche salimos a dar una vuelta y el tinglado municipal seguía de joda, había gente en la calle que ya estaba sufriendo las consecuencias de la ingesta de alcohol desde el mediodía. Habíamos sacado pasaje para partir temprano a Iruya. Hacia allí iríamos con el sello en el cuello que el duchazo en Mística no pudo borrar.

Viene de: Diario de Viaje - Día 7 – Purmamarca. El mejor locro de la Quebrada
Sigue en: Diario de Viaje - Día 9 – Iruya. El pueblo perdido entre los cerros

Correción: Laura Beroldo (http://www.laura-exlibris.blogspot.com.ar) 
Fotos: El Cocoliche