sábado, 19 de septiembre de 2015

Diario de Viaje - Día 7 – Purmamarca. El mejor locro de la Quebrada



Llegamos a Purmamarca alrededor del mediodía con el dato de un hostel. Se llamaba “7 colores” y quedaba sobre la ruta 52, a orillas del río Tumbaya. Muy bien ubicado, de precio accesible, limpio y tranquilo. Allí nos atendió Jesica, una jujeña que había vivido en Salta y en Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia. Estaba en Purma trabajando en el hostel hasta después del carnaval y nos contó un poco acerca de Bolivia y el mal trago que supone viajar a La Paz si no se hacen escalas previas para ir adecuándose a la altura. Diego, el encargado del lugar, también era una persona muy macanuda con la que charlamos un poco y quien nos comentó que ya no hay tierras para comprar en el pueblo “hasta Tinelli y Susana compraron terrenos acá”.

El hostel "7 colores" y una de las callecitas de Purma

Una vez ubicados nos acercamos al pueblo porque queríamos hacer la excursión a las Salinas Grandes. Fuimos en un auto junto a otra pareja, el chofer era Lorena, una estudiante de turismo de Jujuy que había ido a trabajar a Purma como remisera. El viaje dura aproximadamente 3 hs. Te llevan hasta las salinas, te esperan una hora para que recorras y conozcas el lugar y luego se emprende el viaje de regreso. El viaje nuestro venía con el plus de tener al volante a una futura Licenciada en Turismo. Esto nos enriqueció el paseo. El recorrido se hace por la Ruta Nacional 52 subiendo la Cuesta de Lipán y atravesando paisajes maravillosos. El ascenso por la cuesta llega a los 4170 msnm en el Abra de Potrerillos. La ruta está totalmente asfaltada y es el camino que conecta con Chile en el Paso internacional de Jama. Por esta razón es muy frecuente ver camiones de cargas yendo y viniendo. Antiguamente, ese camino era de tierra y se denominaba Ruta Provincial 16, en 1976 pasó a jurisdicción nacional recibiendo el nombre actual. En el año 2000 comenzaron los trabajos de pavimentación y el 29 de septiembre de 2005 quedó oficialmente inaugurada.

Cuesta de Lipán y Abra de Potrerillos
Lorena nos describió dónde se encontraban algunos pueblitos escondidos por allí. Paramos en un mirador desde donde se observa muy bien parte de la cuesta y luego en el punto más alto, en Potrerillos. Por primera vez vi algunas vicuñas que pastaban cerca pero salieron corriendo, son difíciles de ver esos animales, ya los voy a agarrar… Las Salinas Grandes es un lugar increíble. Es el mayor depósito de sal de mesa en lo que es el ambiente de Puna en Jujuy. Tiene una superficie de 220 km cuadrados y se encuentran emplazadas a 3500 msnm. Se formaron hace más de 1 millón y medio de años. Nos sacamos varias fotos y metimos nuestros pies en una de las piletas desde donde extraen la sal. Inmediatamente quedamos blancos. Los procesos de extracción de la sal son tres: 1) en panes, cortando las superficies, para uso en ganados. 2) por raspado mecánico, removiendo la superficie para ser utilizados en los ingenios azucareros y 3) por precipitación natural en piletas (donde metimos las patas) que luego es llevada a la mesa de los hogares.

En el ingreso al salar hay algunos puestos de artesanías que utilizan los panes de sales para realizarlas. Dicen algunos puesteros que lo ideal es barnizarlos para que no se derritan. Bueno, depende en parte del ambiente en el que uno vive ¿no? También hay un restaurant hecho con panes de sal que no funciona como tal, cuentan las leyendas que no pudieron habilitarlo porque se derretía. Vaya uno a saber si es verdad, la cuestión es que la estructura se mantiene allí perenne.

La inmensidad del salar y las patas en una de las piletas
Al regreso, Lorena sacó su equipo de mate y nos fuimos mateando. Nos contó que su abuela de 83 años vivía en un pueblito cercano a la ruta 52. Esta señora cocinó toda su vida utilizando brasas y cuando le regalaron una cocina como para “aliviarle” la vida no la quiso. También nos comentó que todo dolor, toda molestia corporal, se la cura con yuyos que crecen en los alrededores de manera silvestre. La Pachamama es sabia, no quedan dudas. Fue un viaje muy bueno, con la música del estilo de Los Tekis y la buena onda de Lorena a quien no olvidaremos.

Cuando volvimos al hostel teníamos compañeros de cuarto. Eran siete amigos varones que habían llegado procedentes de Buenos Aires, uno de ellos vivía en Mercedes, calculo que el resto también viviría por ahí cerca. También llegaron cuatro chicas que estaban en otro cuarto y como eran más o menos de la misma edad pegaron onda enseguida. Con Ani salimos a comer a la noche, buscando y buscando nos encontramos con el Doc oculista y su amigo una vez más. Estaban parando en otro hostel de Purma y buscaban la peña “Entre amigos”. No fue difícil hallarla, uno camina 5 cuadras y cae en la cuenta que ya está fuera del pueblo. Así de chiquito es Purma. Lo pintoresco del lugar y la tranquilidad (a pesar del turismo constante) hacen que se convierta en uno de los lugares más agradables del mundo. Nos despedimos del Doc y anclamos en “El Rincón de Claudia Vilte”. El rincón es una peña donde sirven locro, como en tantas otras. Ani andaba con ganas de probarlo y yo no la iba a contradecir. ¿Qué puedo decir? Juro que fue el locro más rico que probé en mi vida, increíble. Casi lo devoré mientras lo acompañábamos, por supuesto, con una botellita de tinto cafayateño. En el escenario cantaban y tocaban instrumentos unos señores que casualmente (o no) se alojaban en “7 colores”. Uno de ellos era presentado como el mejor bandoneonista del norte, su nombre era Yayo Burgos.

Al volver al hostel había una revolución. Los chicos habían comprado harina y demás ingredientes y habían preparado, como podían y con lo que tenían, pizza a la parrilla. En la pared de la galería del hostel apareció un afiche con reglas de convivencia. Al parecer estaban preocupados que todas esas reglas pudieran romperse esa misma noche con el descontrol que habían organizado los muchachos y muchachas. Bueno, no pasó nada, solo un poco de harina por aquí y por allá, salsa de tomate dentro de un recipiente hecho con una botella de gaseosa mal cortada y una pizza sobrante que durmió toda la noche (junto con la salsa) en uno de los bancos de la galería.

El Cerro de los Siete Colores, deslumbrante y hermoso
En la mañana temprano, día 8 de nuestro viaje, apareció una gran lluvia. “Si cambia el viento para” vaticinó Diego, el encargado. Y sí, siempre que llovió paró…



Correción: Laura Beroldo (http://www.laura-exlibris.blogspot.com.ar) 
Fotos: El Cocoliche

Diario de Viaje - Día 6 – El viaje imposible a Cachi y Salta, la estresante


Con Ani teníamos ganas de ir a Cachi y nos fuimos a averiguar cómo había que hacer para ir hasta allí. Cachi es un pueblo que se encuentra a 165 km. de Cafayate y que nos habían recomendado una y mil veces. En el boca a boca se decía que había unas 3 maneras de viajar a Cachi: 1) Yendo hasta Salta capital por ruta 68 y de ahí un micro, lo que suponía ir hacia el norte para descender hacia el sur (otra vez por ruta 68) y desviarse al oeste por ruta 51. Nos pareció mucho viaje. 2) Ir hasta Angastaco, un pueblo ubicado 75 km. al norte tomando un micro que va por ruta 40, de ahí hacer dedo hasta Molinos y de allí tomar un micro hasta Cachi, pero nadie garantizaba con exactitud que podríamos llegar de esa manera. 3) Tomar una combi turística que costaba $400 cada uno y que finalmente conseguimos a $250. Bueno, no tuvimos en cuenta ninguna de las 3 ya que no llegaban a convencernos, sobre todo la opción 3 que nos complicaba un poco la economía del viaje. Decidimos ir a Salta directamente y después pasar a Jujuy.

Pero el tema no termina allí, porque hay una manera efectiva de ir a Cachi sin que el viaje se convierta en una travesía ni haya que gastar una fortuna. Hay que ir, efectivamente, hasta Angastaco y ahí mismo tomar un micro que sale a las 4 de la mañana (¡!) directo a Cachi, muy simple. De esto nos enteramos en Humahuaca. Yo no sé si es un secreto o realmente nadie sabe que existe este servicio. Cuando estuve en Cafayate hace 6 años tuvimos el mismo inconveniente. La solución a toda esta historia me parece que es simplemente asfaltar el tramo de ruta 40 que une Angastaco con Molinos, por culpa de ese pequeño inconveniente no hay servicios directos, o al menos eso es lo que te dicen.


El próximo destino sería Salta, en donde pasaríamos de la paz vivida en Tafí, Amaicha y Cafayate al descontrol y el ruido de una ciudad. El contraste fue importante y nos conmovió. Por recomendación de Luisa llegamos a un hostel que se encontraba a tres cuadras de la terminal de ómnibus y tenía buen precio, aunque mucho cemento. Un hostel de ciudad es otra cosa, no hay dudas. Porque además volvieron las rejas en las ventanas. Dormimos en un cuarto con cuatro chicos, adolescentes, que pasaban su última noche en Salta. Habían llegado a “la linda” después de un largo viaje en el que cruzaron toda Bolivia, descendiendo desde Machu Pichu, en Perú. El cuarto estaba un poco descontrolado, tenía poca ventilación, hacía calor y tuvimos que dormir con las puertas abiertas. Como el hostel estaba sobre la Av. San Martín, el ruido de motores del alto tránsito de ese sector de la ciudad no nos dejaba dormir…un desastre, ¡no veíamos la hora de rajar de ahí!

Iglesia San Francisco y Plaza 9 de Julio vista desde el balcon del Cabildo
El Casco Histórico de Salta es muy lindo, la plaza Independencia está rodeada de varios cafés y restaurantes, además de la Basílica, el Cabildo y un par de Museos. Visitamos el Cabildo que actualmente se lo denomina Museo Histórico del Norte y nos gustó. Nos cobraron $20 a cada uno y pudimos conocer mucho de la historia de Salta dividida en tres periodos: precolombino, colonial e independiente. Algunas de sus partes son conservadas desde aproximadamente el año 1717. Las últimas reformas al edificio fueron hechas entre 1789 y 1807, como por ejemplo, la torre y la galería con arcos del patio principal. En el año 1942, bajo la dirección del arquitecto Mario Buschiazzo se realizó la recuperación y restauración del edificio que conocemos en la actualidad. Fue declarado Monumento Histórico Nacional y en el año 1949 abrió sus puertas como museo. En ese mismo edificio flameó por primera vez en 1813, la Bandera Nacional luego de la victoria del ejercito del Norte en la Batalla de Salta cuyo General fue Manuel Belgrano.

Interior del Cabildo de Salta
En lo que se refiere a la ciudad, nos llamó la atención que el sector norte es el mejor conservado. Al igual que en la ciudad de San Miguel de Tucumán hay orden, limpieza y es mucho más turístico, no sé, como que hay mayor poder adquisitivo. Sin embargo, caminar de noche por la Av. San Martin, en el sur, supone esquivar basura y sentir olores de todo tipo. El parque San Martin y su lago también carecen de un buen mantenimiento.
Lamentamos no haber sabido antes de la existencia de La Casona del Molino para pasar una linda noche de peña, porque fuimos a caminar por “la Balcarce” y los precios turísticos del circuito de peñas nos espantó un poquito. Lo mismo nos ocurrió cuando nos acercamos al famoso “Balderrama”, allí, entre derecho de show y servicio de mesa gastábamos más de lo que nos salió comer en un restaurant justo enfrente, sobre la peatonal Esteco. El lugar se llamaba algo así como “la vieja cabaña”, no recuerdo muy bien el nombre pero cenamos muy rico y abundante.

Bares y Restaurantes frente a la plaza y Catedral de Salta
Al día siguiente nos fuimos corriendo de Salta, un poco estresados, necesitábamos la tranquilidad de la Quebrada.



Correción: Laura Beroldo (http://www.laura-exlibris.blogspot.com.ar) 
Fotos: El Cocoliche 

lunes, 4 de mayo de 2015

Diario de Viaje - Día 5 – Cafayate. La Comunidad Diaguita Suri


Nos fuimos a dormir la noche anterior con un Tannat de “Siete Vacas” encima y unos tamales que nos preparó muy amablemente la mamá de Luisa. Eran un manjar, el mejor tamal que probé durante todo el viaje. Cuando regresamos de tomar el helado de vino, Lucas ya estaba como en su casa charlando en la cocina con Rocío (la hermana de Luisa) y su novio. Había logrado comer un par de tamales más. 
Al otro día temprano, nuestro compañero de ruta seguía su camino, se tenía que volver antes que nosotros a Buenos Aires y pensaba llegar hasta La Quiaca, así que partió esa mañana. Volveríamos a comunicarnos con él casi todos los días vía Whatsapp.


Nosotros desayunamos y después nos fuimos a la Dirección de Turismo y la verdad es que no nos dieron demasiada bolilla, digamos, fuimos un poco insistentes y algunas cosas nos dijo la señora que atendía allí. Apenas un mapa fotocopiado y referencias básicas que no sirvieron de mucho. La realidad es que más adelante íbamos a darnos cuenta de que ese tipo de atención se convertiría casi en una constante.
Cafayate está ubicada al sudoeste de Salta, limita con la provincia de Tucumán y es reconocida por los vinos que se elaboran allí. El origen de su nombre no es algo que se sepa a ciencia cierta. Hay varias versiones, por ejemplo una versión afirma que deriva del Quechua y significa “cajón de agua”, otra versión remite al Cacán, antiguo idioma Diaguita y quiere decir “sepultura de penas”. Existen otras versiones, a mí me gusta la que dice que deriva de Yaco: pueblo y Capac: riqueza, o sea “pueblo de Capac” o “pueblo que lo tiene todo”.

Cafayate fue fundada en el año 1840 por Manuel Fernando de Aramburu, un coronel del ejército español, quien de acuerdo a la voluntad de su madre, creó el santuario de la Virgen del Rosario. Entre sus atractivos turísticos se puede visitar el Museo de la vid y el vino, el Museo Arqueológico, la Quebrada de las Conchas y la zona del Divisadero en cuyo lugar, con la ayuda de un guía, se puede remontar el Rio Colorado y llegar hasta las siete cascadas e implica una caminata extensa de aproximadamente 4 o 5 hs.
Camino a Dirección de turismo pasamos por la terminal del Aconquija, la línea de micros que hace el recorrido San Miguel de Tucumán-Cafayate. Justo en ese mismo momento vimos que llegaba un micro y desde una de las ventanillas nos saludaba Marcos, el sanjuanino que habíamos visto por última vez en Tafí. Llegaba con Juan, con quien estábamos en contacto por celular. Nos contaron que habían estado en Amaicha, en Pacha Cuty, y estaban a las puteadas porque Juancito y Marcos, los encargados del hostel, se habían despachado con algunas de sus bromas pesadas. Daba mucha gracia ver la calentura que tenía el sanjuanino, no sé cuántas veces vociferó: “el culiao ese”. Desde Cafayate se iban para San Carlos, 22 km. camino a Angastaco. No los volvimos a ver pero seguimos en contacto con ellos.

Entrada a "El Divisadero" y camino a las cascadas
Por la tarde nos fuimos para la zona del Divisadero, teníamos la idea de comer algo y tomar unos mates a orillas del Rio Colorado. Es una reserva natural preservada y protegida por la comunidad Diaguita Suri que habita aquellas tierras. En la entrada de la reserva anotan a cada visitante por si se llegan a perder camino a las cascadas y piden una colaboración económica ya que no se cobra entrada. Hay guías de la comunidad que por una colaboración te hacen el tour hasta la séptima cascada o hasta donde te dé el cuerpo. La remontada por el rio no es fácil, por eso se necesita de un paisano que conozca la zona. Pusieron unos puestos de artesanía y un barcito. También hay un camping que aparenta estar muy bien equipado. La comunidad mantiene la limpieza y el orden del lugar. Nos contaron que el Estado ni siquiera pasa a buscar la basura, que son ellos mismos quienes la cargan para llevarla a la ciudad. Da gusto pasar la tarde allí entre los árboles y el sonido del agua cristalina que desciende desde los cerros, allá a lo alto, a unos 4600 msnm. Mientras estábamos buscando un lugar para pasar la tarde, aparecieron el Doc oculista y su amigo, los mismos que habíamos visto por última vez en Tafí cuando nos despedimos todos los ocupantes del “Nómade”. Iban a remontar las cascadas, unos días después corroboramos que pudieron ir y volver sanos y salvos.
Al regresar por el camino de ripio fuimos a unas cuevas donde quedaron rastros de arte rupestre que los antiguos moradores del lugar utilizaban para comunicar su idiosincrasia. Habían dejado plasmado en grandes piedras, algunas de sus costumbres. Allí también había guías, que por una colaboración te acompañaban hasta las cuevas. Para llegar a éstas se atraviesa un camino en cuyos márgenes hay varias casas pertenecientes a la comunidad. Nuestro guía fue René, un chico de 15 años que durante el verano se dedica a ganarse unos pesos con el turismo. Es miembro de la comunidad Diaguita Suri y vive en una de esas casas. El resto de los habitantes son mayormente parientes suyos, así, a medida que caminábamos nos contaba que allí estaba su tío, que allá su abuelo, etc. Durante el año René ocupa gran parte de su tiempo en el estudio. Su pasión es la mecánica, hace doble jornada en la escuela técnica de Cafayate recorriendo en moto los 5 km. que lo separan de la ciudad. Es curioso que la doble jornada está cortada entre las 13 y las 16 hs. eso implica que René vuelva a su casa pasada las 20 hs. todos los días de la semana. Luego de escalar unos cuantos metros el cerro por caminos pedregosos llegamos hasta una piedra enorme donde se podían ver varias figuras dibujadas, entre ellas la de un Suri. Este animal es el conocido ñandú del norte, que habita en altura y se encuentra en peligro de extinción. Para la comunidad, el Suri representa a la tierra, la generosidad, la providencia, es el protector de los niños. Más arriba había otras cuevas pero el camino se complicaba un poco y Ani no podía más. Así que decidimos volver. 

Arte rupestre y viñedos camino a "El Divisadero"
Ya habíamos vivido una muy buena experiencia y estábamos cansados. La hospitalidad y la tranquilidad de Cafayate nos habían hecho muy bien, al día siguiente partiríamos a Salta. El viaje iba a sufrir un pequeño “temblor”. Cafayate quedará marcado como un lugar donde siempre se ha de volver.

Cafayate

Correción: Laura Beroldo (http://www.laura-exlibris.blogspot.com.ar) 
Fotos: El Cocoliche

martes, 7 de abril de 2015

Diario de Viaje - Día 4 – Cafayate. Descanso en lo de la Luisa.

Desayuno en “Pacha Cuty”, algunos ya nos vamos, seguimos viaje con rumbo norte. Otros se vuelven a Buenos Aires, entre ellos un muchacho que andaba en muletas. Las había comprado en Cafayate para poder hacer más digna su vuelta a la rutina luego de haberse esguinzado un tobillo mientras caminaba en una peña. La forma y color que había adoptado ese tobillo no tenía nombre, igual se lo veía bien, con onda positiva, moviéndose de un lado a otro con sus nuevas compañeras. A las 9 nos pasó a buscar Aníbal en  su remis turístico. Este buen hombre era oriundo de Buenos Aires, más precisamente de Lomas de Zamora. Se había establecido en Amaicha hacía cinco años atrás. En un principio trabajó en el rubro seguros en Cafayate y luego se largó solo. Además de este servicio de remis, que ofrece a cada paisano que pisa Amaicha apenas baja del micro en la terminal, también armó en el fondo de su casa un camping. El camping no está en pleno centro del pueblo pero goza de una buena tranquilidad y confort, al menos eso fue lo que nos vendió. Este remis turístico tiene varios destinos, nosotros  contratamos el viaje a Cafayate con escala en la Ciudad Sagrada de los Quilmes y sobre la ruta del vino una degustación en la bodega Las Arcas de Tolombon. Adelanto que fue un servicio excelente y muy económico.

El valle atravesado allá al fondo por el Río Santa María y un cardón enorme con su pequeña flor
Camino a la Ciudad Sagrada, Aníbal nos fue contando varias cosas acerca de cómo era la vida de un bonaerense en aquellas tierras, con otra idiosincrasia y otro ritmo. La verdad es que aparenta estar adaptado al lugar aunque no demasiado mimetizado porque habla y vive a mil. Cuando salimos a la ruta dijo algo así: “Bueno, les voy a contar un poco lo que estamos viendo y hacia dónde vamos”, a partir de allí no paró de hablar hasta Cafayate. Nos contó cómo se “movían” el viento y la lluvia por aquellos lados y que el Rio Santa María que cruzamos en el camino corre en dirección sur-norte, al revés de la mayoría de los ríos. Esta particularidad, según Aníbal,  lo catapultaba como uno de los 4 o 5 ríos del mundo que corren en esa dirección y nos puso de ejemplo el río Nilo. Yo, por supuesto, llegué a Buenos Aires y me puse a investigar y no llegué a ninguna conclusión. Es verdad que el Santa María corre de sur a norte hasta que se junta con el río Salado que toma dirección sur y termina siendo afluente del Paraná. También hay un rio llamado Conlara en San Luis y el Orinoco en Venezuela y el Rhin en Alemania y muchos más…

En fin, llegamos a la Ciudad Sagrada de los Quilmes. Es un predio de aproximadamente 30 hectáreas ubicado al pie del cerro Alto del Rey, cuando se ingresa desde la ruta 40 se recorren 5 km. hasta las ruinas. En la intersección de la ruta y el camino a las ruinas hay un edificio donde se reúnen las comunidades de la zona para discutir el tema de la administración de la Ciudad Sagrada. Cuando llegamos había una asamblea que involucraba a varias familias indígenas del valle. De acuerdo a lo que nos contó Aníbal, a las comunidades les cuesta un poco ponerse de acuerdo con el tema de la administración y cómo no les va a costar, ¡si son seres humanos! no me pareció ninguna novedad. Al ingresar en el predio, te cobran una entrada de $30 pero no existe ningún tipo de folletería y apenas hay algunos guías que te acompañan hasta unos metros más allá de la entrada en donde te resumen la vida y costumbres de quienes habitaban ese lugar y luego te largan solo. Como había asamblea, los puestos de artesanías y de bebidas, comidas, etc. estaban cerrados, Mas allá de todo esto, el lugar es imponente, espléndido, o al menos lo fue hasta el momento en que estuvimos en Tilcara hablando con un guía del Pucará. No importa, eso es otro asunto para más adelante. Se camina bastante en aquel sitio, se sube, se sube y se sube. Todo este viaje se subió, se subió y se subió…

La Ciudad Sagrada de los Quilmes y la bodega "Las Arcas de Tolombón"
Hay dos sectores altos identificados como “Atalayas” sur y norte. Desde allí arriba se puede observar la inmensidad de todo el valle y se llega a comprender el por qué de la resistencia de más de 130 años del pueblo de los Quilmes al acoso español antes de ser invadidos. Cuenta la historia que el español Francisco Mercado y Villacorta sitió la ciudad, envenenando el agua con la que se aprovisionaban las comunidades e impidiéndoles acceder a sus cultivos. Finalmente en 1667 llegó la rendición y el sometimiento. Se dice que fueron alrededor de 2.500 personas quienes marcharon a pie para ser desterrados y crear la Misión de Santa María de Quilmes, en el sur del conurbano bonaerense. Pero sólo alrededor de 400 lograron llegar después de recorrer los más de 1200 km. que los separaban de los valles calchaquíes. El horror y el cinismo mismo que fue infligido por quienes levantaban la bandera de la “civilización”. Todavía algunos en estos tiempos se enorgullecen de ser hijos de la “madre patria” bárbara que asesinó a millones de americanos y despojó de sus riquezas a un continente maravilloso. Yo paso, prefiero la orfandad. 

Luego de subir y bajar por los interminables caminos de la ciudadela nos fuimos camino a la bodega de vino “Las Arcas de Tolombon”. El lugar es muy bello. La construcción está inspirada en las grandes obras arquitectónicas de los pueblos del desierto de África, de ahí su forma estructural tan particular. Nos mostraron toda la bodega y nos explicaron como es  el proceso de fabricación que utilizan. Degustamos algunas uvas de uno de los vinos que fabrican, el “Siete Vacas”. Nos llevamos una botellita del varietal Tannat exquisito.

Desde allí, solo algunos km. nos separaban de Cafayate y Aníbal nos había recomendado dormir en lo de “la Luisa”, así que nos llevó hasta allí. El nombre Luisa remite, en general, a una persona mayor digamos. A una señora buenaza diría yo si se me permite el término. Pero la realidad es que Luisa es una chica de 27 años. Muy atenta, siempre amable, que nos abrió las puertas de su casa y nos hizo sentir muy cómodos. Ella vive con su madre y sus perros. El lugar es muy agradable, tranquilo, con una Santa Rita en el patio ideal para sentarse tranquilamente a tomar mate, por ejemplo. En el fondo tienen unas parras de uva, que están allí como legado familiar. Y acá quiero detenerme para decir que las tierras de Cafayate son un milagro. Uno va, tira una semilla de cualquier uva y le crece una parra. Así de simple e increíble, crece, da uva y ya tenés vino. Vi muchísimas casas con parras, muchas, dispersas por todo el pueblo y alrededores. Y ni hablar de los grandes viñedos…

La casa de Luisa, hermoso hospedaje en Cafayate
En Cafayate teníamos pensado bajar un par de cambios y descansar dos días. Sin embargo, por la tarde nos fuimos a una excursión de 5 hs. a la Quebrada de las Conchas. La excursión, que cuesta $180, es una buena posibilidad para recorrer y entender de qué se tratan los 48 km de formaciones rocosas que surca la ruta 68. Estas formaciones fueron tomando algunas formas particulares gracias a la erosión de los vientos y el agua durante millones de años. Así pudimos ver, entre otros, “los castillos”, “la locomotora”, “la garganta del diablo”, “el anfiteatro” y caminar por “la yesera”, donde cerros de varios colores sorprenden por lo imponente de su paisaje. Es una excursión imperdible y agotadora. 


Por la noche fuimos a probar el famoso helado de vino. Caímos en lo de Miranda, la heladería creadora del primer helado de vino. Las variedades son el torrontés y el cabernet. Fuimos con Ani y nos pedimos una variedad cada uno, ella cabernet y granizado, yo torrontés. Cuando le pregunté a la señora que atendía con qué gusto frutal podría andar, me comentó que un mendocino afirmó contundentemente que el torrontés y la tuna eran la combinación perfecta. ¿La tuna? ¿Qué es eso? Me contó que es la fruta del cactus y como yo jamás la había probado, le acepté la combinación. Gracias mendocino, tu definición ha sido muy acertada.

Correción: Laura Beroldo (http://www.laura-exlibris.blogspot.com.ar) 
Fotos: El Cocoliche
Enlaceshttp://www.amaichadelvalle.com/
               http://www.bodegalasarcas.com.ar/
               http://turismo.salta.gov.ar/

lunes, 30 de marzo de 2015

Diario de Viaje - Día 3 – Amaicha del Valle. Primero el medio ambiente después el lucro

Amaicha del Valle es un pequeño pueblo de los Valles Calchaquíes que está ubicado dentro del departamento de Tafí del Valle y la mayoría de sus habitantes pertenecen a la comunidad indígena de los Amaichas. Allí teníamos destino, el hostel “Pacha Cuty”, también recomendado. El lugar lo manejan Juan y Marcos. El caso de Juan es especial. Porque para mí es una persona copada, que a veces te mandaba unos chistes que iban directo al hueso, sin anestesia y esa clase de bromas a algunos les caía un poco mal, me enteré más adelante. Ani piensa que hay límites para hacer chistes. No sé, a mi mucho no me molestaba. Lo cierto es que Juan preparó un guiso de lentejas grandioso que lo devoramos entre…no sé, ¡éramos como 20 en ese lugar! Entre el arroz de Tafí y el guiso de Amaicha comencé a pensar seriamente en irme a vivir a Tucumán

El hostel era muy lindo, conocimos más gente que volveríamos a ver en algunos lugares de Jujuy. Llegamos allí con Lucas y los chicos de Neuquén. En “Nomade” no habíamos tenido oportunidad de hablar mucho con ellos. Eran dos hermanos varones y dos chicas y lo que les costaba ponerse de acuerdo era notable. A las chicas las volvimos a cruzar en Cafayate, camino a Salta. Después no supimos más de ellos.

Plaza y calle de Amaicha del Valle
 El pueblo es muy chiquito y tiene sólo algunas calles asfaltadas. Hay escuela primaria y secundaria, a ellas asisten chicos de todo el valle, son relativamente nuevas, unos 6 años, antes no tenían la posibilidad de estudiar más allá del nivel primario. Este contraste educativo se va a convertir en una constante a lo largo del viaje. Para seguir una carrera universitaria, los jóvenes deben ir a la capital tucumana o a Salta, es un sacrificio pero una posibilidad que años atrás no estaba en los planes de ningún chico de la zona. También supimos que los maestros tienen un buen sueldo por aquellos lados. 

Una linda excursión que hicimos en Amaicha fue la de “El Remate”. Allí hay una reserva natural cuidada y protegida por los descendientes del pueblo originario Amaicha. Como sus antepasados están organizados en comunidad, tienen cacique y consejo de sabios y familias. Uno de sus miembros nos contó que lo más importante para ellos es la preservación del medio ambiente, la concientización hacia dentro y fuera de la comunidad, que permita conservar y cuidar lo que la naturaleza, la Pachamama les legó. Luego de ese paso fundamental viene el tema lucrativo, no es al revés, porque si no se cuida no hay posibilidad de obtener ingresos. La entrada al predio cuesta $20, allí tienen un parador donde venden empanadas, pizzas caseras, tortillas, dulces, artesanías. La atención es excelente, es gente muy amable y atenta. Nos sentamos con Ani y Lucas a comer empanadas, más tarde nos llevamos “chasca”, que es una masa de pan con azúcar y que terminó en el hostel entre mates y una partida de truco.


Desde el parador hay un camino que conduce a una cascada natural, los guías y los que cuidan y ayudan al visitante son chicos adolescentes de la comunidad. Es admirable cómo todos sostienen la misma idea y compromiso. Hay plena conciencia de lo que se hace, en dónde están viviendo y lo que están preservando. Fue una experiencia enriquecedora realmente.

Camino a la cascada natural de "El Remate"
Para volver apareció un señor con una combi que nos acercaba al pueblo por $10 cada uno. Eran 8 km que no teníamos ni el más mínimo ánimo de caminar. En la combi viajaban unos chicos de Buenos Aires, muy jóvenes, rondaban los 18 y 20 años. Habían llegado en tren a Tucumán y se movían a dedo y de camping en camping cocinándose ellos mismos. Es otra alternativa de vacacionar, el norte da lugar para que uno se pueda mover con poco dinero, afortunadamente. Cuando nos bajamos de la combi nos fuimos hasta donde se encuentra “La virgen tallada”, una obra de un alemán llamado Ludwig Schumacher. Este artista planeaba realizar una escultura por continente, como un mensaje de paz. En Sudamérica eligió Amaicha y talló sobre algarrobo esta figura notable. De acuerdo a lo que dice la descripción en el santuario: “Siete meses empleó el artista alemán para hacer esta obra excelsa, utilizó gubias, escofinas y piedras del lugar como elementos pulidores. Según el autor, la posición inclinada de la Virgen significa que ha tropezado, pero la mano de dios (cuyo brazo nace en la base) la sostiene en la cintura, evitando su caída. La paloma, cuyo pico casi roza el vientre de la inmaculada, simboliza el Espíritu Santo. La firma característica de Ludwig es la lagartija”. Cuando el alemán terminó su obra, se dirigió a África y en Kenia fue asesinado a golpes por unos brujos celosos de su obra tallada en mármol. Cosas de la civilización… 

La virgen tallada
Por la noche jugaban en Mar del Plata, Boca y River entonces había una especie de revolución en Amaicha, cosas que sólo el fútbol puede conseguir. Frente a la plaza conectaron un proyector para ver el partido sobre una pared blanca frente a la misma plaza que oficiaba de tribuna popular. Cualquiera que andaba paseando por ahí podía sentarse y ver el superclásico, raro…
La noche en el hostel resultó un poco ruidosa, se hizo una “vaquita” para comprar vino y cerveza y acompañar el guiso de lentejas. Terminamos todos en el patio charlando y tomando algo. Antes de comer, una chica neuquina que había llegado con un amigo se puso a tocar el charango. Tenía una voz muy suave y nos quedamos escuchándola hasta que la comida estuvo lista. Luego algunos se fueron a dormir y otros a una peña. Al día siguiente nos pasaba a buscar Aníbal con su remis turístico.


Correción: Laura Beroldo (http://www.laura-exlibris.blogspot.com.ar) 
Fotos: El Cocoliche 
Enlaces: https://www.facebook.com/pages/PACHA-CUTY-HOSTEL/120600522639

miércoles, 25 de marzo de 2015

Diario de Viaje - Día 2 – Tafí del Valle. La comunidad del NOMADE

El segundo día comenzó temprano en San Miguel de Tucumán. Después de desayunar nos fuimos a visitar la Casa Histórica, como le llaman los tucumanos, que para nosotros es la casita de Tucumán, así nos enseñaron en la escuela y así se perpetuará en nuestro cerebro para siempre, qué se le va a hacer…

La casita es muy pintoresca, está casi toda restaurada, hecha de cero digamos, porque la original se estaba deteriorando hace muchos años atrás. En la década de 1890 funcionaba allí la Oficina de Correos. En el año 1904 el edificio fue demolido porque se encontraba en un estado de avanzado deterioro y sólo se conservó el salón de la jura. Para protegerlo se le construyó alrededor un templete y se le colocó un techo de vidrio. Algunos críticos lo llamaban “la quesera”. El arquitecto Mario Buschiazzo fue el encargado de la restauración de la “casita” entre el año 1942 y 1943. Buschiazzo es reconocido por sus trabajos de restauración del Cabildo de Buenos Aires en 1940, el de Salta en 1945 y las Ruinas de San Ignacio Miní en 1938, entre otros trabajos. Basándose en imágenes tomadas en 1869 por el fotógrafo tucumano Ángel Paganelli y planos de 1904, logró darle forma al edificio que vemos hoy en día.

Frente de "la casita" y Salón de la Jura

Es realmente llamativo cómo uno se queda detenido en el tiempo un instante cuando imagina el momento en que aquel 9 de julio de 1816 la sala de la jura estaba colmada de patriotas. Ese histórico día en el que se decidió cortar los lazos con España y declararnos independientes. Casi que no lo escuché al guía porque estaba abstraído en mis pensamientos.

Una de las galerias y el segundo patio

De la casita nos fuimos a la terminal y sacamos pasaje para viajar a Tafí del Valle al mediodía. Allí comenzarían los gastos de traslado que aún seguimos maldiciendo (ja!). El viaje a Tafí es increíblemente hermoso. El micro tiene que atravesar el último “pedazo” de yungas que queda de la selva que desciende desde Bolivia y atraviesa Jujuy y Salta antes de ingresar a Tucumán. Bordeando cerros y siguiendo el curso del “Rio de los Sosa”. La ruta provincial 307 serpentea subiendo y bajando para atravesar una extensión importante de kilómetros. Como el piso es de pavimento se disfruta muchísimo el viaje. El paisaje es maravilloso, el verde predomina totalmente, es el primero y último verde selvático que veremos en el viaje, la aridez del Noa va a empezar, algunos días más adelante, a mostrarnos todo su esplendor.
Llegando a Tafí existe un pueblo llamado El Mollar, cuyo nombre quechua deriva de molle, un árbol característico de la zona. Allí hay un gran lago artificial, es el famoso “Dique La Angostura” que, creo yo, se alimenta con el agua que le llega del “Rio Tafí”. Teníamos pensado pasar por allí pero finalmente no lo hicimos, no sé si realmente valía la pena, conocimos viajeros que les gustó mucho, tal vez el encantamiento que nos provocó Tafí nos cegó un poquito. Desde Tafí se puede observar el lago en casi toda su extensión porque se encuentra a unos 10 minutos y forma parte del mismo valle. Hay un gran cerro llamado “El Pelao” en cuyos alrededores se asienta el pueblo de Tafí, el Mollar, el lago y otros pueblitos y caseríos dispersos sobre las laderas. A su vez, todo el paisaje está formado por 2 cadenas de cerros que “envuelven” y forman todo el valle, es hermoso.

Tafí del Valle se encuentra a 107 km. de la ciudad de San Miguel de Tucumán. El nombre deriva del vocablo diaguita Taktillkta que quiere decir “pueblo de entrada espléndida”. Desde la terminal nos fuimos directamente a un hostel que nos habían recomendado en San Miguel, “Nómade” se llamaba y tenía una ubicación muy tranquila, después de lo vivido en la capital ya empezábamos a buscar un poco de paz. Tuvimos la fortuna de conocer allí mismo a mucha gente, de todas las edades y de distintos lugares.

El "Nomade"
Entre los visitantes estaban los dos personajes de San Juan que habíamos saludado en el hostel de San Miguel. Esto de encontrar gente conocida en otros pueblos durante el trayecto que pensábamos hacer se iba a convertir en una constante. Los sanjuaninos eran Juan y Marcos, con ellos compartimos habitación. También lo hicimos con el doctor oculista que nunca supe su nombre. El Doc había viajado con un amigo del cual tampoco supe su nombre pero los íbamos a volver a ver muchas veces más. En otra habitación estaban Lucas, que nos acompañará hasta Cafayate y dos chicas, una era pediatra (o algo así) y la otra profe de inglés, se llamaban Natalí y Viviana. También había un cuarteto que venía de Neuquén, dos chicos y dos chicas (una lesionada del tobillo). Y había también algunos músicos que le entraron a la guitarrita cuando comenzó a caer la noche.
En Tafí salimos a recorrer el pueblo. El “centro” es chiquito, por supuesto, en los alrededores se expande la “Cariló” de Tucumán. Hay muchas y muy lindas casas, que, por alguna razón que desconozco ninguna tiene piscina. Hay muchas camionetas 4 x 4, cuatriciclos, caballos…hay un buen pasar económico digamos. Nos contaron que muchas de esas casas pertenece a personas que viven en San Miguel, algunos son políticos, otros empresarios. Los jóvenes, hijos de esas familias son bastante bulliciosos digamos, iban y venían en cuatris y motos constantemente. Era su manera de divertirse… Nosotros nos subimos a un cerro llamado “de la cruz”. Una subida linda, hicimos el primer esfuerzo de las vacaciones para llegar a lo más alto. Desde la cima se puede observar todo el valle, es una vista increíble.

El "centro de Tafí y la inmensidad del paisaje desde el cerro de la cruz
En el hostel la pasamos muy bien, cenamos todos juntos un arroz hecho en una especie de disco con muchas verduras, para mi gusto demasiadas, pero estaba exquisito. En la parte de adelante del hostel había un gran jardín en donde nos sentamos a charlar y a compartir un vino que los sanjuaninos habían traído. Fue una linda experiencia, nos reímos mucho y algunos se fueron más tarde “al centro” a tomar algo, nosotros nos fuimos a la cama, al día siguiente nos iríamos temprano 56 km. hacia el norte hasta Amaicha.


Fotos: El Cocoliche
Fuente: Ente Tucumán Turismo (http://www.tucumanturismo.gov.ar/)

jueves, 19 de marzo de 2015

Diario de Viaje - Día 1 - Buenos Aires. La ciudad de la furia nos despide acorde a su estilo.

Arrancó el viaje. Con las mochilas listas y el corazón contento partimos hacia el aeroparque Jorge Newbery de la Ciudad de Buenos Aires. El 45 desde Barracas le puso casi 50 minutos, era temprano y no había apuros. El tema es que cuando ingresamos al hall central del aeroparque nos enteramos que nuestro vuelo, el 1478 de Aerolíneas Argentinas, se había cancelado. Estados de ánimo en ese momento al recibir la noticia: Ani, de diez, todo positivo…yo, a las puteadas, por supuesto, vestigios del estrés ciudadano. El vuelo había sido reprogramado para las 14:35. Nos dieron un voucher para almorzar, así que mientras tanto, y luego de ir al baño, nos sentamos a tomar un cafecito mientras le enseñaba a Ani a jugar al truco. Regla que jamás falla: el principiante siempre gana su primer partido. Me sentí un poco humillado y nos fuimos a tomar aire a la costanera antes de ir a almorzar. ¡A las 15:10 estábamos volando!!

San Miguel de Tucumán – La ciudad de los taxis y las iglesias

Luego de un vuelo muy lindo y en poco más de 1 hora, 40 minutos estuvimos en la ciudad de San Miguel de Tucumán, el jardín de la República. Retiramos las mochilas e intentamos salir del aeropuerto. Digo intentamos porque con el acoso de remiseros y taxistas era una misión complicada encontrar la puerta de salida. Nos ofrecían el viaje al centro de la ciudad por $100. Consulté en un bar del aeroparque y me comentaron que en la ruta pasaba el colectivo 121 que nos dejaba perfecto y era más barato. Así fue que empezamos a caminar hacia la salida del predio, por el camino asfaltado que conduce a la ruta, el mismo por donde volvían remiseros y taxistas ofreciendo sus servicios una vez más… hasta que apareció Rodrigo. Este muchacho era un tucumano que tenía una empresa de seguridad con los padres y cada tanto agarraba su mochila y se iba de viaje. Esa tarde había ido a despedir a una amiga al aeroparque. Cuando estaba yéndose con su camioneta freno y dijo: “¿los llevo chicos?”. Pensamos que era un remis entonces casi resignado le pregunté cuánto nos cobraba, estaba dispuesto a regatear. Nos dijo que no nos cobraba un peso, que era de onda, que él cuando viaja hace dedo y le pasan estas cosas de que hay gente que lo lleva. Conclusión: nos subimos, nos llevó hasta el centro y nos dejó en la puerta de un hostel, después de explicarnos un poco cómo estaba organizada la ciudad y sus espacios para recorrer. Nos dejó su teléfono por si necesitábamos algún otro favor y se fue. Empezar el viaje de esta manera era un buen augurio.

Después de ver ese  hostel nos fuimos a otro donde finalmente nos quedamos, el Backpackers de Tucumán. El lugar era lindo y barato. Estábamos en habitación compartida con una sola persona y teníamos desayuno incluido. Había una mesa de ping pong, Tv, Play, Computadora, Wi-Fi, parrilla y un lindo patio con muchas plantas. Varios “lujos” que jamás íbamos a volver a tener en el transcurso del viaje. Había algunos chicos y chicas alojados, entre ellos dos sanjuaninos que saludamos pero no llegamos a conversar con ellos. En realidad era como que nadie conversaba. ¿O tal vez este porteño desconfiado aún no se soltaba? Qué se yo…

El Hostel BackPackers de San Miguel de Tucumán
Durante lo que nos quedaba de la tarde nos dedicamos a recorrer la ciudad. Resulta toda una aventura cruzar calles en la ciudad de San Miguel. Cientos de taxis la invaden y es complicado a veces poder atravesar tranquilo una esquina ya que van y vienen a gran velocidad. No sé por qué hay tantos, no sé si la gente los utilizará diariamente o sólo es en temporada que se pone así el tránsito. ¿Quién utiliza tantos taxis? Porque existen varias líneas de colectivos y observé que en general van llenitos. Bue, no sé, solo nos llamó la atención, caminamos una cuadra y contamos pasar más de 10. Al final contar taxis se volvió un entretenimiento. 

Iglesia de La Merced, Iglesia de San Francisco y Catedral de San Miguel
Otra cosa que me llamó la atención es la cuestión religiosa. En la recorrida que hicimos pudimos ver y fotografiar alrededor de 5 o 6 iglesias católicas, ingresamos a una y era enorme. También supuse que hay algunas evangélicas porque caminando por la peatonal Muñecas, en una esquina, había un pastor a los gritos que estaba curando (¿?) a dos personas con el poder de su mano sobre ambas cabezas. La casita de Tucumán solo la vimos desde afuera porque estaba cerrada. Así que tendríamos que volver al día siguiente antes de salir hacia Tafí del Valle. Por la noche nos comimos unas empanadas tucumanas de carne, pollo, mondongo y queso con cervecita Norte. Corolario excelente de nuestro primer día de vacaciones.


Correción: Laura Beroldo (http://www.laura-exlibris.blogspot.com.ar)
Fotos: El Cocoliche